La Encíclica
“Laudato Si”, del Papa Francisco, aborda críticamente acuciantes conflictos
de una sociedad industrial producto del desarrollo capitalista.
Esta es la primera
vez en dos mil años de historia de la Iglesia que la máxima autoridad del catolicismo,
publica una Encíclica sobre la crisis medioambiental y lo hace con una
profundidad ética, social, política y económica, con un rotundo análisis de las
estructuras de dominación que directamente explotan y generan el mayor
sufrimiento humano de los sectores más pobres y excluidos.
Esta tierra está
maltratada y saqueada y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del
mundo, expresa el Papa Francisco, haciendo un llamado a -individuos, familias,
colectivos locales, nacionales y comunidad internacional- a una “conversión
ecológica”, a '”cambiar de ruta'”, asumiendo la urgencia del desafío ante
el '”cuidado de la casa común”.
El texto está
atravesado por ejes temáticos con una fuerte coherencia interna: “La íntima
relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en
el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de
poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de
entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el
sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la
grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del
descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida”, son los contenidos que
destaca la Encíclica.
Respecto al cambio
climático, el Papa expone que ‘‘el calentamiento es un problema global con
graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y
políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad”.
Si se afirma que “el clima es un bien común, de todos y para todos”, el impacto
más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que
“tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre
todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de
reducir algunos impactos negativos del calentamiento(…)La falta de reacciones
ante estos dramas de nuestros hermanos es un signo de la pérdida de aquel
sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda
sociedad civil”.
En la profunda
crisis del agua el Papa afirma sin ambages que, “el acceso al agua potable es
un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la
sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de
los demás derechos humanos”. Privar a los pobres del acceso al agua
significa negarles “el derecho a la vida, enraizado en su inalienable
dignidad”.
En similares
términos se refiere a la pérdida de la biodiversidad, al decir que, “cada año
desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer,
que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre”. No son sólo
eventuales “recursos” explotables, sino que tienen un valor en sí mismas. En esta
perspectiva “son loables y a veces admirables los esfuerzos de científicos y
técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser
humano”, pero esa intervención humana, cuando se pone al servicio de los
negociosy el consumismo, “hace que la tierra en que vivimos se vuelva menos
rica y bella, cada vez más limitada y gris”, proclama el Papa.
En el marco de una
ética de las relaciones internacionales, la Encíclica indica que existe “una
auténtica deuda ecológica”, sobre todo del Norte en relación con el Sur del
mundo. Frente al cambio climático hay “distintas responsabilidades”, y son
mayores las de los países desarrollados. El Papa Francisco se muestra sobre
cogido por la “debilidad de las reacciones” frente a los dramas de tantas personas
y poblaciones. Falta una cultura adecuada y la disposición a cambiar de estilo
de vida, producción y consumo, a la vez que urge “crear un sistema normativo
que (...) asegure la protección de los ecosistemas”.
El Papa Francisco, igualmente reflexiona sobre la tecnología y su contribución al
mejoramiento de las condiciones de vida, aunque advierte que, “dan a quienes
tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un
dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero”.
Son justamente las lógicas de dominio tecnocrático las que llevan a destruir la
naturaleza y a explotar a las personas y las poblaciones más débiles. Por eso,
el Papa Francisco advierte que, “el paradigma tecnológico también tiende a
ejercer su dominio sobre la economía y la política”, impidiendo reconocer que
“el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la
inclusión social”.
La Encíclica,
asimismo, reconoce el valor del trabajo, dado que, “en cualquier planteamiento
sobre una ecología integral, que no excluya al ser humano, es indispensable
incorporar el valor del trabajo”, pues “dejar de invertir en las personas para
obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad”.
Pero conjuntamente
plantea los límites del progreso científico, con clara referencia a los
Organismos Genéticamente Modificados (OGM), que son “una cuestión ambiental de
carácter complejo”. Si bien en algunas regiones su utilización ha provocado un
crecimiento económico que ayudó a resolver problemas, hay dificultades
importantes que no deben ser relativizadas, por ejemplo “una concentración de
tierras productivas en manos de pocos”, en detrimento de los pequeños
productores y trabajadores del campo, y en referencia al daño en la biodiversidad
y en la red de ecosistemas. Es por ello que es ineludible “una discusión
científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la
información disponible y de llamar a las cosas por su nombre”, a partir de
“líneas de investigación libre e interdisciplinaria”.
La Encíclica papal
es nítida en platear que la ecología ambiental “es inseparable de la noción del
bien común”, que debe comprenderse de manera concreta, “donde hay tantas
inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos
humanos básicos”, esforzarse por el bien común significa hacer opciones
solidarias sobre la base de una “opción preferencial por los más pobres”. La
ecología integral implica también la vida cotidiana, a la cual la Encíclica
dedica una especial atención, en particular en el ambiente urbano, que
presupone un mejoramiento integral en la calidad de la vida humana en los
espacios públicos, vivienda, transportes, etc...
Pero para el Papa
los análisis no bastan. Se requieren propuestas “de diálogo y de acción que
involucren a cada uno de nosotros y a la política internacional” y “que nos
ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos
sumergiendo”. Para ello es indispensable el diálogo, “hay discusiones sobre cuestiones
relacionadas con el ambiente, donde es difícil alcanzar consensos”. Indica que
“la Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir a la
política, pero invito a un debate honesto y transparente, para que las
necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común”.
En este contexto,
el líder de la Iglesia Católica es tajante: “Las Cumbres Mundiales sobre el
ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por
falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales
realmente significativos y eficaces”. Cuando se constata una imperiosa
necesidad de intervenir y hay países y poderes que no lo hacen, su
emplazamiento es perentorio: “Necesitamos un acuerdo sobre los regímenes de
gobernanza global para toda la gama de los llamados ‘bienes comunes globales’,
dado que ‘la protección ambiental no puede asegurarse sólo en base al cálculo
financiero de costos y beneficios’ (….) El ambiente es uno de esos bienes que
los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover
adecuadamente”.
El Papa no evade
temas controvertidos, en particular referidos a los estudios del impacto
ambiental frente a grandes proyectos medioambientales, y expresa que se
“requieren procesos políticos transparentes y sujetos al diálogo, mientras la
corrupción que esconde el verdadero impacto ambiental de un proyecto a cambio
de favores suele llevar a acuerdos espurios que evitan informar y debatir
ampliamente”.
La llamada a los
que detentan cargos políticos es incisiva, para que eviten “la lógica
eficientista e inmediatista” que hoy predomina en el mundo.
Por eso, no es de
extrañar que el Papa Francisco sea temido y rechazado por los paladines
del capitalismo, por considerarlo como un peligro disfuncional a sus intereses.
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papafrancesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
http://www.elsiglo.cl/web/index.php/2015-04-16-16-40-04/355-enciclica-del-papa-una-critica-al-capitalismo
http://www.elsiglo.cl/web/index.php/2015-04-16-16-40-04/355-enciclica-del-papa-una-critica-al-capitalismo

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