viernes, 17 de julio de 2015

LA ENCICLICA DEL PAPA FRANCISCO, UNA CRÍTICA AL CAPITALISMO

La Encíclica “Laudato Si”, del Papa Francisco, aborda críticamente acuciantes conflictos de una sociedad  industrial  producto del desarrollo capitalista.

Esta es la primera vez en dos mil años de historia de la Iglesia que la máxima autoridad del catolicismo, publica una Encíclica sobre la crisis medioambiental y lo hace con una profundidad ética, social, política y económica, con un rotundo análisis de las estructuras de dominación que directamente explotan y generan el mayor sufrimiento humano de los sectores más pobres y excluidos. 

Esta tierra está maltratada y saqueada y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo, expresa el Papa Francisco, haciendo un llamado a -individuos, familias, colectivos locales, nacionales y comunidad internacional- a una “conversión ecológica”,  a '”cambiar de ruta'”, asumiendo la urgencia del desafío ante el '”cuidado de la casa común”. 

El texto está atravesado por ejes temáticos con una fuerte coherencia interna: “La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida”, son los contenidos que destaca la Encíclica.

Respecto al cambio climático, el Papa expone que ‘‘el calentamiento es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad”. Si se afirma que “el clima es un bien común, de todos y para todos”, el impacto más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que “tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del calentamiento(…)La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil”.

En la profunda crisis del agua el Papa afirma sin ambages que, “el acceso al agua potable es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”.  Privar a los pobres del acceso al agua significa negarles “el derecho a la vida, enraizado en su inalienable dignidad”.

En similares términos se refiere a la pérdida de la biodiversidad, al decir que, “cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre”. No son sólo eventuales “recursos” explotables, sino que tienen un valor en sí mismas. En esta perspectiva “son loables y a veces admirables los esfuerzos de científicos y técnicos que tratan de aportar soluciones a los problemas creados por el ser humano”, pero esa intervención humana, cuando se pone al servicio de los negociosy el consumismo, “hace que la tierra en que vivimos se vuelva menos rica y bella, cada vez más limitada y gris”, proclama el Papa.

En el marco de una ética de las relaciones internacionales, la Encíclica indica que existe “una auténtica deuda ecológica”, sobre todo del Norte en relación con el Sur del mundo. Frente al cambio climático hay “distintas responsabilidades”, y son mayores las de los países desarrollados. El Papa Francisco se muestra sobre cogido por la “debilidad de las reacciones” frente a los dramas de tantas personas y poblaciones. Falta una cultura adecuada y la disposición a cambiar de estilo de vida, producción y consumo, a la vez que urge “crear un sistema normativo que (...) asegure la protección de los ecosistemas”.

El Papa Francisco, igualmente reflexiona sobre la tecnología y su contribución al mejoramiento de las condiciones de vida, aunque advierte que, “dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero”. Son justamente las lógicas de dominio tecnocrático las que llevan a destruir la naturaleza y a explotar a las personas y las poblaciones más débiles. Por eso, el  Papa Francisco advierte que, “el paradigma tecnológico también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política”, impidiendo reconocer que “el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social”.

La Encíclica, asimismo, reconoce el valor del trabajo, dado que, “en cualquier planteamiento sobre una ecología integral, que no excluya al ser humano, es indispensable incorporar el valor del trabajo”, pues “dejar de invertir en las personas para obtener un mayor rédito inmediato es muy mal negocio para la sociedad”. 

Pero conjuntamente plantea los límites del progreso científico, con clara referencia a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), que son “una cuestión ambiental de carácter complejo”. Si bien en algunas regiones su utilización ha provocado un crecimiento económico que ayudó a resolver problemas, hay dificultades importantes que no deben ser relativizadas, por ejemplo “una concentración de tierras productivas en manos de pocos”,  en detrimento de los pequeños productores y trabajadores del campo, y en referencia al daño en la biodiversidad y en la red de ecosistemas. Es por ello que es ineludible “una discusión científica y social que sea responsable y amplia, capaz de considerar toda la información disponible y de llamar a las cosas por su nombre”, a partir de “líneas de investigación libre e interdisciplinaria”.

La Encíclica papal es nítida en platear que la ecología ambiental “es inseparable de la noción del bien común”, que debe comprenderse de manera concreta, “donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos”, esforzarse por el bien común significa hacer opciones solidarias sobre la base de una “opción preferencial por los más pobres”. La ecología integral implica también la vida cotidiana, a la cual la Encíclica dedica una especial atención, en particular en el ambiente urbano, que presupone un mejoramiento integral en la calidad de la vida humana en los espacios públicos, vivienda, transportes, etc...

Pero para el Papa los análisis no bastan. Se requieren propuestas “de diálogo y de acción que involucren a cada uno de nosotros y a la política internacional” y “que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo”. Para ello es indispensable el diálogo, “hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente, donde es difícil alcanzar consensos”. Indica que “la Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir a la política, pero invito a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común”.

En este contexto, el líder de la Iglesia Católica es tajante: “Las Cumbres Mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces”.  Cuando se constata una imperiosa necesidad de intervenir y hay países y poderes que no lo hacen, su emplazamiento es perentorio: “Necesitamos un acuerdo sobre los regímenes de gobernanza global para toda la gama de los llamados ‘bienes comunes globales’, dado que ‘la protección ambiental no puede asegurarse sólo en base al cálculo financiero de costos y beneficios’ (….) El ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente”.

El Papa no evade temas controvertidos, en particular referidos a los estudios del impacto ambiental frente a grandes proyectos medioambientales, y expresa que se “requieren procesos políticos transparentes y sujetos al diálogo, mientras la corrupción que esconde el verdadero impacto ambiental de un proyecto a cambio de favores suele llevar a acuerdos espurios que evitan informar y debatir ampliamente”. 

La llamada a los que detentan cargos políticos es incisiva, para que eviten “la lógica eficientista e inmediatista” que hoy predomina en el mundo.

Por eso, no es de extrañar que el Papa Francisco sea temido y rechazado  por los paladines del capitalismo, por considerarlo como un peligro disfuncional a sus intereses.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papafrancesco_20150524_enciclica-laudato-si.html


http://www.elsiglo.cl/web/index.php/2015-04-16-16-40-04/355-enciclica-del-papa-una-critica-al-capitalismo




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