LA HERENCIA POLÍTICA DE LER

La herencia política de Luis Emilio Recabarren

RONALD WILSON

A Hernán Ramírez Necochea y Fernando Ortiz Letelier

Luis Emilio Recabarren —cuyo 110 aniversario se celebra este año— desapareció prematuramente el 19 de diciembre de 1924, el mismo año que muere Lenin. Termina su vida, pero la huella de su obra no ha cesado desde entonces de agigantarse.

Recabarren sigue presente en forma activa en la organización y lucha del pueblo chileno. Su herencia política ha sido asumida por el movimiento popular en sus diferentes etapas: desde que se fundaron la Federación Obrera de Chile, FOCH, y el Partido Comunista, hasta los años del FRAP y de la CUT, pasando por el tiempo del Frente Popular y de la Confederación de Trabajadores de Chile, CTCH. Su legado estuvo, sobre todo presente en los momentos en que el pueblo chileno llega por primera vez al gobierno con Salvador Allende y la Unidad Popular.

En estos años de represión y terror, la vigencia de su ejemplo y pensamiento se hace más viva, más actual. La clase obrera resiente lo que es la pérdida de su unidad y la persecución a su organización sindical, y el pueblo se inspira en su herencia para la lucha por la libertad y la democracia.

Conocer y difundir los fundamentos de su obra son, hoy, ayudas verdaderas en el duro período que vivimos, y este trabajo va en esa dirección. El se propone esclarecer, sin ánimo de agotar el tema, algunos de los puntos claves en la evolución de su pensamiento, rescatar al político y al teórico socialista, todo lo cual se agrega la imagen mítica del Recabarren dirigente y agitador, infatigable en su legendario peregrinar por la pampa salitrera.

Su formación política inicial

Luis Emilio Recabarren Serrano nació en Valparaíso el 6 de julio de 1876. Hijo de un pequeño comerciante, comenzó a trabajar desde los catorce años como obrero tipógrafo. Desde muy joven comienza a interesarse por "la cuestión social", producto sin duda de su propia experiencia como obrero.

Durante treinta años de lucha incansable se destacó como guía y líder de la clase obrera. Recabarren fue más que nada un gran organizador y protagonista, uniendo a ello una gran capacidad teórica, lo que le permitió asimilar con relevante nitidez la realidad de su época e ir confrontándola con las ideologías que representaban el progreso social.

Fue todo lo contrario de un dogmático teórico, ya que supo siempre unir la teoría con la praxis. Su papel de periodista, fundador de decenas de periódicos obreros, sus folletos de difusión del socialismo, sus charlas, e incluso su incursión en el teatro, hacen de él un maestro, un pedagogo de multitudes, sumando a ello el coraje y visión política del dirigente y la sensibilidad magnífica del humanista.

Es evidente en la formación político ideológica de Recabarren. la influencia de tres factores importantes.

Primero, su gran conocimiento de la realidad económico social y política que le toca vivir, así como un conocimiento bastante profundo de la historia de Chile. Segundo, sus viajes al extranjero, en 1906-1908 a la Argentina, Francia y Bélgica; posteriormente en 1916-1918 su retorno a Argentina, y en 1922 su participación en el IV Congreso de la Internacional Comunista en Moscú. Estos viajes, especialmente los primeros, fueron para él de una gran importancia en su formación; en ellos se puso en contacto con dirigentes socialdemócratas como Juan B. Justo, Pablo Iglesias y Jean Jaurés, al mismo tiempo que conoce más a fondo la doctrina socialista y las experiencias de los movimientos obreros europeos. Y tercero, la influencia que por diversas vías le llega del socialismo utópico y luego del marxismo.

Un estudio de sus obras nos muestran claramente la evolución que experimenta Recabarren, desde posiciones anarco sindicalistas, pasando por un socialismo de tendencias utopistas hasta llegar al dirigente que ha asumido creadoramente la ideología propia de la clase obrera, el marxismo, aún con todas las limitaciones que en esos años había en Chile para conocer dicho pensamiento.(Manuel Castro. "Recabarren. Su legado", en Araucaria N° 19, Madrid, 1982, Pág. 63)

En 1906, Recabarren fue elegido Diputado por Tocopilla, siendo militante del Partido Demócrata, pero la mayoría conservadora de la Cámara lo expulsó del Parlamento con los más burdos pretextos, reflejando su desprecio por un hombre que llegaba a ser Diputado en representación de los obreros.

En su defensa deja ver ya la claridad de su posición de clase a la vez que denota el germen de su análisis teórico. En parte de su discurso dice que "...se ha hecho alarde por la prensa de mi conducta personal, que se califica de revolucionaria, de propaganda violenta. (...) No es que nosotros traigamos aquí esta división de clases para acentuarla ante la Cámara; es la Cámara la que marca ésta división cuando al pobre, por el solo hecho de ser pobre, se le señala la puerta. (...) Cuando la clase trabajadora lleva sus representantes a las instituciones públicas bajo el amparo de las leyes existentes, llega la mano enguantada del caballero a usurparle su legítima representación manifestándole que no es digna de su compañía". (Luis Emilio Recabarren. El pensamiento de... (dos tomos). Santiago, Editora Austral, 1971. Tomo I, pág. 285. (En adelante: LER, indicando tomo y página.)

Es más clara su posición de clase, a la vez que se trasluce en sus palabras el desencanto por ver burlada la legalidad de un poder público, del Estado, en contra de un trabajador.

En sus obras posteriores a 1907 ha acogido y desarrollado más su ideario socialista. La experiencia de la álgida lucha de clases de esos años le va conformando una ideología más revolucionaria. Es la época de las grandes huelgas ferroviarias y del salitre, de la masacre de la Escuela Santa María, de la fundación de la Federación Obrera de Chile, FOCH, y de la fundación en 1912 del Partido Obrero Socialista.

La inquietud obrera, tras un significativo estallido en el año 1890, durmió hasta concluir el siglo. Comenzando el que corre, su diapasón marcó tonos cada vez más agudos... Valparaíso en 1903, Antofagasta en 1906, y el año anterior, la Semana Roja de Santiago. Toda esa época fue de gran efervescencia obrera. Después de Santa María, que marca un punto clave en la lucha obrera, a pesar de haber sido aplastada por la violencia, ya en 1908 se contabilizaron 29 huelgas; 1910 presenció la gran agitación ferroviaria por el descuento que el gobierno impuso a los salarios, y cuando corría 1913 una huelga general inmovilizó Valparaíso; luego vienen los sangrientos conflictos de Puerto Natales y Punta Arenas, en 1919 y 1920 respectivamente. De norte a sur el país era remecido por crecientes luchas obreras. (Gonzalo Vial. Historia de Chile. Santiago. Editorial Santillana, 1982. Vol. I. tomo II, pág. 867)

En 1912, Recabarren escribe una de sus más importantes obras, El socialismo, publicado como folletín en el diario que él mismo dirigía, El despertar de los Trabajadores.

El visualiza el socialismo como la gran realización de la humanidad, como el estado de perfección. "La historia de la humanidad —dice— es la historia de las transformaciones y del progreso". Más adelante define al socialismo como "lo opuesto a todos los defectos sociales y por lo cual aparece como el perfeccionamiento mismo". (LER, T. I, p. 24.)

Para lograr ese estado de perfección plantea tareas concretas, que hoy nos pueden parecer anacrónicas, pero en el contexto de su época y de su desarrollo ideológico son valiosos aportes al progreso social. Estas líneas de ideas serán permanentes en su crecimiento ideológico, pero a la vez irán enriqueciéndose y haciéndose más claras y sólidas.

Su concepción de la lucha económica

En las obras de Recabarren se dan tres elementos que irá desarrollando paulatinamente. El primero de ellos lo podemos calificar como la etapa de la lucha económica de la clase obrera. Dentro de éste primer elemento asoma como fundamental su preocupación por el Gremio y el Sindicalismo.

La organización gremial a nivel nacional e internacional fue una conquista obrera, intuida y realizada por Recabarren desde muy temprano, entendiendo el rol esencial de la organización y la unidad de la clase obrera como ente autónomo e independiente. A la vez que en esa praxis iba comprendiendo el rol histórico del proletariado como agente de cambios.

En 1921, en su libro La Federación Obrera de Chile y los beneficios inmediatos del Gremialismo. Recabarren desarrolla profundamente su concepción de la organización obrera como arma reivindicativa y política. Como organización independiente de clase. "Se entiende—declara en su escrito-, y esto debe quedar bien claramente comprendido, que sólo aceptamos como organizaciones útiles para el bienestar del proletariado, aquellas organizaciones formadas exclusivamente por el proletariado con eliminación absoluta de la clase patronal, por la sencilla razón de que siendo antagónicas, es decir, opuestos los intereses de asalariados y patrones, estando juntos dentro de una sociedad los patrones serán siempre una fuerza que detenga y retarde el mejoramiento proletario". (LER, T. I, p. 222.)

El otro factor importante de la lucha es la huelga. Las acciones obreras en contra de la explotación surgen en Chile desde iniciada la vida republicana. Esas primeras manifestaciones fueron acciones espontáneas, acciones directas, como el robo de minerales, destrucción de maquinarias, asalto a pulperías o abiertas insurrecciones contra los patrones, como sucedió en Chañarcillo en 1934. Pero las primeras huelgas reivindicativas organizadas datan de mediados del siglo xix (la primera huelga como tal se registra en 1849), las que se van incrementando cuantitativa y cualitativamente con el correr del siglo.

Para Recabarren la huelga organizada es un arma eficaz en manos de la clase obrera. Su fuerza está en la organización.

"...Los trabajadores tienen a su disposición un arma formidable de poder casi siempre invencible y esa arma es la huelga, es decir, la paralización colectiva del trabajo" (LER, T. I, p. 54).

"La huelga es el camino de su lucha por la verdadera emancipación (con la cual) los trabajadores podrán llegar a realizar completamente sus grandes aspiraciones de justicia social" (pp. 54-55).

A pesar de la importancia que Recabarren otorga al movimiento huelguístico como arma de presión, no se detiene en esa forma de lucha, y plantea un tercer punto, el movimiento cooperativo que hoy puede ser muy discutido, pero que en el contexto de su tiempo es de una gran audacia revolucionaria. Con esto queda en claro cómo Recabarren va asumiendo creadoramente experiencias de nuevas formas de lucha social, aunque analizadas hoy sin perspectiva histórica puedan aparecer como proposiciones inaplicables.

Por otro lado, también es erróneo hacer una extrapolación ahistórica de las categorías usadas por Recabarren para justificar en nuestros días posiciones ideológicas impregnadas de reminiscencias pequeño burguesas.

La cooperativa es vista por Recabarren como un medio de transformación social. El movimiento cooperativo es para él un medio reivindicativo frente al poder del estado y del capitalismo, que puede ser útil para el socavamiento de la estructura económica y política, realizado desde el interior mismo del sistema.

Es interesante en este punto destacar cómo el discurso de Recabarren sobre la lucha económica y en especial sobre el movimiento operativo, que tiene sus orígenes en el socialismo utópico de Owen, difiere radicalmente de éste, por su definida posición de clase y objetivos revolucionarios.

Es a la vez oportuno comparar las ideas de Recabarren con la opinión de Lenin respecto a los puntos que hemos tocado sobre la lucha económica de la clase obrera. En el escrito "Nuestro Pro¬grama", de 1899, dice que la esencia de ese programa "es la organización de la lucha de clases del proletariado y (en) la dirección de ésta, cuyo objetico final es la conquista del poder político por el proletariado y la estructuración de la sociedad socialista. La lucha de clases se compone de la lucha económica (contra capitalistas aislados o contra grupos aislados de capitalistas por el mejoramiento de la situación de los obreros) y de la lucha política (contra el gobierno, por la ampliación de los derechos del pueblo, esto es, por la democracia, y por la ampliación del poder político del proletariado)". El análisis de Recabarren al respecto no está lejos, lo que es bastante notable, si se tiene en cuenta que seguramente no conoció los escritos leninistas sino hasta la época de su viaje a Rusia.

Recabarren intuye, de alguna manera más o menos clara, el problema de que "el sindicato mismo debe ser de hecho una fuerza política de clase"; cumple una función de organización de masas, de agitación, de presión económica y política, y el partido cumple un rol de conducción política. Esta distinción clave entre sindicato y partido la hace Lenin explícitamente en su análisis de la experiencia de la revolución bolchevique.

Lucha de clases y poder político

El socialismo para Recabarren es la culminación lógica del desarrollo histórico de los pueblos. Este destino socialista no es producto de la casualidad, sino que es producto, por una parte, de la dinámica inevitable de la historia y del progreso y por otra, de la lucha organizada de las clases oprimidas por conquistar un futuro más justo y libre. Así lo manifiesta en 1912, al decir que "si el socialismo es una doctrina que, introducida en la vida social, política y económica aumenta los goces y felicidades, con sólo ir modificando paso a paso las costumbres, tiene en el pasado una razón de su evolución. El mundo ha sido en su carrera hasta el presente una cadena de transformaciones. El Socialismo será una transformación inevitable" (LER, T. I, p. 23).

La inevitabilidad del socialismo no significa pasivismo, o un mero evolucionismo social. Es una necesidad histórica que debe ser guiada, hecha carne y sangre en la conciencia de la clase llamada, por su posición en la producción, a ser la fuerza transformadora. Y esa acción se desarrolla, en el campo de la lucha económica y en la lucha política. Es decir, en las conquistas parciales de la clase obrera y en la transformación radical de las estructuras económicas, tanto como en la super-estructura del poder político estatal. (V. I. Lenin. "Nuestro programa. 1899", en Obras escogidas. Moscú, Editorial Progreso, 1971.)

Estos principios los tenía meridianamente claros Recabarren. El no fue un ingenuo economicista y menos aún un político reformista. Así lo deja en claro cuando, refiriéndose al significado del socialismo declara: “se entiende por propiedad colectiva o común, la abolición de la propiedad individual o privada, de manera que la tierra, los edificios, las maquinarias, herramientas y todo cuánto existe producido por el trabajo del hombre sea utilizado por todos y para todos, repartido en la justa proporción que cada cual necesita según sus gustos" (LER, T. I, p. 112).

Esta transformación de la base económica, sólo se consigue por medio de la organización y la lucha de clases, y ella implica "romper un mundo pasado, a veces con violencia y dolor. "En el pasado —dice— casi todos los progresos políticos, sociales y económicos de los pueblos se han realizado por medio de la violencia sangrienta" (LER, T. I, p. 23). Pero el problema del poder político y de las transformaciones revolucionarias no radican para Recabarren en la violencia o no violencia de los procesos, sino en la fuerza de las masas, que en un momento dado son capaces de invertir el curso de la historia en favor de las mayorías. En la medida que la organización obrera sea más cohesionada y consciente, los cambios revolucionarios tendrán posibilidad de ser menos sangrientos. Depende aquello de la obtención de una correlación de fuerzas favorable a la democracia y el socialismo. En un texto ya citado respecto a la huelga, Recabarren nos decía que aunque pacífica, ésta es en sí misma un acto de presión o de violencia.

Y citando un artículo publicado en el periódico El Trabajo, escrito por un obrero de Tocopilla en 1903, ejemplifica claramente el problema de la revolución y la violencia diciendo: "...la revolución seguirá impertérrita su marcha, tranquila si la libertad la ampara, violenta y terrible si se la pretende detener en su camino". (LER, T. 1, p. 112.)

En la lucha de clases es el poder político el que despeja la incógnita acerca de la posibilidad real de construir el socialismo. No basta el sindicato, ni la lucha por mejores condiciones de vida, "porque la clase capitalista no otorga espontáneamente ningún mejoramiento" (LER, J. I, p. 113). Menos aún se dejará despojar del poder político que controla. Vemos, dice Recabarren, "por los hechos y la experiencia, que el poder político, que la cuestión política, es el factor que permite la agonía económica y la esclavización de la clase obrera".

La historia avanza con la lucha ininterrumpida por el progreso material y social de la humanidad. Podrá haber estancamientos o retrocesos, oscuros momentos de represión y consolidación de la opresión, pero el ritmo de los acontecimientos es avasallador, "Es la misma historia la que nos indica el camino —dice Recabarren—. Para las nuevas formas económicas que creaba en Francia la revolución debían corresponder también nuevas formas o medios políticos. De ahí que nuestra aspiración no pueda separarse de la continuación de la historia. Para la consolidación del sistema económico que planteamos con la abolición del salario y del régimen de propiedad privada, que es su causa, necesitamos un sistema político propio, y es ése el que vamos a la vez extendiendo con nuestra acción socialista". (LER, T. II, pág. 48.)

Ese sistema político propio para las masas obreras y para el conjunto de la sociedad, es el socialismo, que se obtendrá usando todos los medios que el pueblo tenga a su alcance.

"El proletariado ha recibido y recibe la enseñanza que prepara su capacidad abolidora. Sabe que el sindicato, que la cooperativa y el sufragio son armas más formidables que las que dispone la clase capitalista. Está pues, en superiores condiciones para la lucha" (LER, T. II,

"Hay que poner en práctica la nueva táctica que nos asegure la abolición del régimen capitalista", nos plantea además Recabarren. "También la organización obrera debe utilizar su fuerza política, empleándola para desalojar a la burguesía del poder y para la crítica del régimen burgués de explotación, pues no podrá obtener resultado en un parlamento burgués" (id.). Encontramos aquí un planteamiento relevante para comprender la estrategia y táctica de la lucha obrera: el problema del derecho del pueblo a conquistar el poder. "En buenas cuentas —dice Recabarren— el socialismo sólo realiza acciones legales, puesto que su marcha va siempre encaminada a perfeccionar. (...) Nuestra acción marcha hacia la perfección y por eso jamás podrá ser ilegal." (p. 126.)

La legalidad y legitimidad de las conquistas proletarias no las impone la burguesía, sino que las adquiere como valores propios y concluyentes el proletariado en lucha. Es legal todo aquello que vaya unido a la acción de progreso de toda la sociedad.

En una sesión de la Cámara en 1921, Recabarren defiende las posiciones revolucionarias del Partido Obrero Socialista, y el derecho que le cabe a postular el rol de la clase obrera en la lucha política: "Si la opinión pública está dividida en partidos que luchan por la conquista del poder político, si vosotros estáis divididos en diversas tendencias políticas y lucháis por apoderaros del poder político..., ¿nosotros no tenemos el mismo derecho? Al contrario: ante estos delitos, ante estas inseguridades, nosotros habremos de luchar con firmeza hasta conquistar todos nuestros derechos, primero por medio de la legalidad; pero cuando vemos que se nos cierra el camino de la legalidad, iremos si es preciso, y no lo dudéis, a la Revolución. Y nadie puede negarnos en esta Cámara el derecho de hacer la revolución" (LER, T. 1, p. 109).

Su concepción de la democracia

Recabarren nos dice que "la consecuencia de la propiedad privada es la coexistencia de patronos y obreros y la explotación que hacen los patrones del trabajo de los obreros. Como consecuencia de la existencia de patrones y obreros, existe también el gobierno político de los países con todo su cortejo de opresiones y tiranías" (T. I, p. 11). Más adelante explícita estos juicios: "el socialismo es, pues, desde el punto de vista científico una doctrina económica que tiene por objeto aumentar los goces humanos "..."; es, desde el punto de vista social, una doctrina de sentimientos de justicia y moral, que tiene por objeto suprimir todas las desgracias ocasionadas por la mala organización, para que la vida sea vivida en medio de goces perpetuos" (p. 13). "La transformación de las propiedad no es otra cosa que el perfeccionamiento del derecho. Todos tienen derecho a vivir bien" (p. 19).

Todos tienen derecho a vivir bien. En esto consiste para Recabarren el centro de lo que es la democracia. La democracia es un problema de justicia, de crear una sociedad cimentada de tal manera que esa justicia sea una realidad y no una ilusión, y sus palabras son claras al respecto: "...la doctrina socialista aspira a que el trabajador disfrute del fruto íntegro de su trabajo, porque esto es justicia y razón" (T. I, p. 39).

La transformación de la sociedad, para llegar a lograr una democracia verdadera, va unida a una lucha por conquistar ese derecho, "...uniendo la acción de la mayoría socialista en un Congreso, con la acción gremial, cooperativa y educativa, su poder revolucionario será incontenible y no será obra de muchos años la realización completa de una vida socialista" (T. I, p. 167).

La finalidad de ese poder revolucionario incontenible es la democracia que tiene como sustento una sociedad basada en la justicia, es decir en la plenitud de derechos y en la abolición de la explotación. No es la democracia burguesa, sino la democracia que impondrán las mayorías. Buscando las diferencias entre una y otra, Recabarren escribe:  "...si son las doctrinas de la democracia moderna, cifran la felicidad en el mediocre progreso que pueden ofrecer las democracias (...) si todas conservan la propiedad individual con el derecho a su progreso y al egoísmo que ese sistema encierra, es inútil que aspiren sinceramente a ningún mejoramiento ni perfeccionamiento efectivo (...) porque precisamente, el socialismo transforma la propiedad individual perfeccionándola en colectiva o común, es entonces que adquiere su fuerza poderosa de verdadero progreso del cual no puede nacer sino felicidad" (T.I, p. 84).

Como vemos, la democracia no se reduce a un problema superestructura, de división de los poderes políticos, herencia de la revolución francesa, sino que va más allá, y esencialmente la democracia, vista como forma de vida, de organización social, tiene sus raíces en lo que es la clave de una sociedad, su estructura económica, y ligada dialécticamente a ello, el problema del poder político. Es decir, la democracia no es ajena al modo de producción dado.

La lucha por la democracia está ligada a la lucha de clases y ésa es una realidad indesmentible. No puede haber democracia verdadera si existen privilegios de clase.

La democracia efectiva, por otra parte, es inherente al socialismo, no como un factor yuxtapuesto, sino como elemento constitutivo y esencial: no hay democracia sin socialismo, ni hay socialismo sin democracia. Dice Recabarren:  "La gran fuerza que anhelamos desarrollar no es para violentar y aplastar a nadie; es a mi juicio para crear la nueva sociedad que ha de libertar a capitalistas y obreros de la esclavitud del régimen en que viven, no aplastando a una clase, sino construyendo con su actividad, su fuerza, su inteligencia, los elementos constructivos de la nueva sociedad libre (...) Esta es nuestra revolución" (T. II, p. 117).

Pero para lograr realizar esta nueva sociedad libre, el proletariado y el conjunto de la sociedad, ha de conquistar el poder político para hacer florecer esa nueva forma de organización social. La base de esa conquista está en la fuerza y organización de la clase obrera, que, unida a otros sectores sociales, construirá la democracia y el socialismo.

Recabarren es claro en cuanto a no enmarcarse en una forma de lucha única. La revolución es obra de la capacidad de las masas para imponer su poder. En relación con esto nos dice:  "La clase obrera, no pudiendo ni debiendo pensar seriamente en organizar una revolución armada para derribar el poder del capitalismo, no debiendo hacernos la ilusión de que, por poderosa que fuera la acción del sindicato, en combinación con la cooperativa, si la clase capitalista está en el dominio del poder político, usará la metralla despiadadamente para vencernos, es juicioso y serio, y también lo más inteligente, que la clase obrera a la vez que fortifica el sindicato y la cooperativa... debe avanzar sus posiciones, cuanto más sea posible es el terreno político, porque esta tercera arma es decisiva en esta contienda cuyo primer aspecto es la lucha de intereses de las clases (...) El poder político en manos de la Federación de los sindicatos y del Partido Socialista (impedirá) que la clase capitalista utilice jueces, policías y ejército, para aplastar por la fuerza de la metralla el indispensable triunfo de la inteligencia y de la moral obrera" (T. II, p. 83).

Como vemos, para Recabarren, la democracia no se da en abstracto, sino que está ligada a las distintas formas de lucha que usa la clase obrera y unida indisolublemente a la solución del problema del poder político y a las transformaciones económicas de la sociedad.

Recabarren y la Revolución de Octubre

La influencia de la revolución de Octubre en Recabarren y en el movimiento obrero chileno es evidente, pero la vemos como la etapa superior de un pensamiento, no contradictorio con la experiencia teórica y práctica anterior. Podríamos decir que, a partir de este acontecimiento histórico, Recabarren decanta posiciones y a la vez consolida lo ya logrado. Por lo demás, éste es un proceso que se vivió históricamente con todos los teóricos y dirigentes de la social-democracia, con el quiebre de la II Internacional. Recabarren no es la excepción: El opta conscientemente por una posición de clase y por los postulados del socialismo científico, llevado no por un impulso sentimental sino por la lógica de su propia praxis.

En 1923, después de su viaje a Rusia, su concepción del poder político, de las transformaciones económicas, de la dictadura del proletariado, en una palabra, su concepción del socialismo, se ven reafirmadas.

Respecto a la dictadura proletaria, en su libro La Rusia Obrera y Campesina nos dice:  "La Dictadura Proletaria en pleno vigor todavía existe y se mantiene por la voluntad de toda la organización proletaria, y ella es la fuerza que garantiza la estabilidad del poder obrero contra la intención de restaurar el sistema de explotación capitalista con todo su cortejo de esclavitud y opresión (...) La Dictadura Proletaria es la fuerza inteligente que garantiza a los trabajadores la muerte definitiva del sistema de tiranía y explotación capitalista. La dictadura proletaria desaparecerá por sí sola cuando las raíces del sistema capitalista hayan desaparecido completamente" (T. II. pp. 189-190).

Recabarren nos explica el por qué de su viaje a Rusia:

"Fui a ver si la clase trabajadora tenía en sus manos efectivamente el poder político, con el cual garantice la conservación en sus manos del poder económico; fui a ver si la clase trabajadora tenía en sus manos la dirección del poder económico, con el cual irá construyendo su bienestar; fui a ver si la clase trabajadora había abolido ya definitivamente todo el estado de explotación capitalista y de tiranía; fui a ver si la expropiación de los explotadores estaba ya completamente consumada en Rusia; (...) y pude ver con alegría que los trabajadores de Rusia tenían efectivamente en sus manos toda la fuerza del poder político y económico y que parece imposible que haya en el mundo fuerza capaz de despojar al proletario de Rusia del Poder ya conquistado" (T. II, p. 135).

Al final del libro nos advierte:

"He vuelto de Rusia más convencido que antes que urge apresurar la Revolución social que ponga en manos del pueblo todos los poderes para la construcción de la sociedad comunista" (T. II, p. 249).
Con lo expuesto nos parece que vamos mostrando cómo Recabarren fue adquiriendo en la praxis de la lucha obrera una concepción coherente del socialismo. Se advierte en él una evolución teórica y política que se desarrolla desde posiciones muy germinales hasta posiciones de un socialismo maduro y original.

Sin duda que Recabarren tiene mucho de revolucionario intuitivo, porque fundamentalmente fue un hombre de acción: pero él recoge vitalmente la experiencia de treinta años de lucha y paulatinamente va asimilando la teoría del socialismo científico, el marxismo, en una forma creadora y abierta. Su sensibilidad lo llevó a convertirse en líder y maestro, en político y teórico, y es evidente que en su trayectoria conoció y estudió escritos de Marx, al menos, el primer tomo de El Capital y El Manifiesto Comunista, como deja constancia su compañero Elias Lafertte, y posteriormente conoció sin duda los escritos de Lenin. Es difícil pensar su propio desarrollo teórico sin el apoyo de estos escritos.

Pero Recabarren tiene, antes que nada, un profundo sentido de clase, que impregna su lucha por la organización sindical, y su lucha política, y que lo lleva a plantear que sólo el socialismo es la solución a los agobiantes problemas del proletariado.

En la estrecha relación entre los principios y la acción encontramos los puntos claves que explican la coherencia en el desarrollo de su pensamiento teórico. No hay en él elementos contradictorios, sino una evolución dialéctica hasta llegar a aquello que hoy nuestra clase obrera recoge como herencia. La formación de sindicatos a lo largo de Chile, la fundación de diarios y volantes obreros, la FOCH, el POS, y finalmente la transformación de éste en el Partido Comunista de Chile, en 1922, nos muestran la consecuencia de un verdadero Revolucionario, que no transó jamás los intereses de la clase por la cual dio su vida.

El papel del partido

También la evolución del pensamiento de Recabarren se manifiesta en su concepción del Partido como herramienta fundamental de la lucha de clases. Es diferente el objetivo y programa del Partido Obrero Socialista, en 1912, y su posterior concepción del partido como vanguardia política al formarse en 1922 el PCCH. Si bien hay una continuidad histórica, hay una diferencia importante en cuanto al papel que le asigna y a las características organizativas y a su posición política.

En el reglamento del POS leemos:

"El Partido Obrero Socialista es fundado con el objeto de reunir todas las fuerzas proletarias del país, a fin de mejorar de común acuerdo, la suerte del proletariado. Para cumplir esta tarea y para realizar en seguida su objetivo más elevado: la emancipación completa de los trabajadores, el partido se organiza en el terreno económico y político" (T. I, p. 91).

El POS está en sus comienzos aún muy ligado a la solución electoral y a la acción reivindicativa, aunque siempre se planteará una indiscutible posición de clase. Así, en los mismos estatutos se plantea que el partido "propenderá por todos los medios a su alcance a la organización de sociedades gremiales y a la creación de federaciones de oficio para su mejoramiento moral y material y cooperará con sus fuerzas al triunfo de las luchas entre el capital y el trabajo" (T. I, p. 94). Así también el reglamento indica la forma de participar en las elecciones, cómo nominar candidatos, cómo realizar alianzas, etc.

En 1917, en su folleto "Las proyecciones de la acción sindical", aún mantiene la confianza en la posibilidad de la toma del poder político por medio de una mayoría parlamentaria. Aunque sus criterios pudieran aparecer como un reduccionismo político parlamentarista, vemos por el contrario que, si bien es cierto lo mantiene como medio, los fines que persigue son radicalmente claros, centrando su planteamiento en el problema del poder. A partir de este punto clave es que dice: "...si la clase obrera cuenta con mayoría en el Parlamento, el gobierno político del país estará en sus manos, neutralizará el poder del estado burgués y podrá socializar la producción (...) En estas condiciones, aunque exista ejército, no teniendo la burguesía el poder político para usar las fuerzas armadas, el triunfo de esa fracción del proletariado organizado podría determinarse por las condiciones de la acción" (T. II, pp. 85-86). La debilidad de su análisis en este punto, está en la no comprensión a fondo del papel de las Fuerzas Armadas como elemento decisivo en la defensa del poder burgués, y por lo tanto, de todo el aparato del Estado.

La influencia del proceso revolucionario ruso, sumado a la polarización de la socialdemocracia, tendrá repercusión también, en el rol que Recabarren le asigna al partido proletario. La transformación del POS en Partido Comunista es reflejo de aquello.

La experiencia que le da el conocer a un partido en el poder le permite madurar su propia concepción de éste; aunque es evidente que él tenía ya muchas ideas claras desde el mismo momento de su fundación. Al adherirse inmediatamente a la III Internacional, el partido Comunista de Chile fue desde sus comienzos un partido marxista en su ideología y leninista en su organización, que se afianzará, no sin problemas, en la década del 30.

La posición de Recabarren también evolucionará con respecto a los sindicatos y su papel en la sociedad. Refiriéndose a su papel en el poder político del estado, nos dice:
"La experiencia ha dejado establecido que no es posible confiar esta labor a los sindicatos, porque en razón de la composición de sus elementos, es difícil construir la disciplina que se requiere para segurar el triunfo de la Revolución proletaria" (T. II, p. 180).

Se clarifica con esto la distinción necesaria entre sindicato como organismo de masas y el Partido Obrero como conductor político de la clase.

Educación, cultura y propaganda revolucionarias

Uno de los aspectos más sobresalientes de la obra de Recabarren es sin duda su obra de educador y propagandista. Su concepción del socialismo está íntimamente ligada a la educación de las masas obreras. El comprende que la conciencia revolucionaria del proletariado no es espontánea, sino que hay que educarla, para que los trabajadores, de sentirse clase en sí, lleguen a tener conciencia de ser una clase para sí.

"Creemos —dice— que toda persona que llegue a comprender completamente el socialismo no podrá rechazarlo y concluirá por ser su abnegado defensor" (T. I, p. 12).

Esa comprensión del socialismo hay que guiarla y desarrollarla, para contrarrestar la influencia en los trabajadores de la ideología y cultura burguesas. Es por ello que, "mientras más rápidamente avancemos en la cultura y la educación junto con la organización de los trabajadores, más cerca, mucho más cerca estamos del porvenir y, por tanto, del socialismo" (p. 12).

Ya en 1912, Recabarren prevé la necesidad de unir lo que es el movimiento obrero con la ideología de la clase obrera, el socialismo, la educación obrera es una de sus preocupaciones básicas y para lograr ese fin propone medios concretos de acción. Valora entre otras cosas la importancia de los intelectuales que adoptan el socialismo como una valiosa ayuda a la causa obrera. Pero en primer nivel pone a "la prensa (como) arma de educación (...); la prensa socialista se multiplica incesantemente esparciendo su obra instructora y educadora en todas las esferas donde dicha prensa penetre" (T. I, p. 69).

No es extraña esta preocupación de Recabarren por la educación obrera y por la propaganda socialista a través de la prensa, ya que él comenzó su vida laboral como obrero tipógrafo. Sus más importantes escritos los realizó como folletines o artículos de diarios fundados por él mismo, o que dirigió, como El Despertar de los Trabajadores, y muchos otros como El Trabajo, El Proletario, La Vanguardia, La Reforma, La Democracia, El Grito Popular (dirigido también por Elias Lafertte), Bandera Roja. La Jornada, etc., publicados de norte a sur del país.

"La prensa es un arma poderosa —dice— y los socialistas tienen un gran cariño por la prensa y gastan gran actividad para su progreso. Desde las columnas de la prensa el socialismo hace notar gráficamente los absurdos y los defectos monstruosos que existen todavía en el día de hoy amparados por la sociedad burguesa y adoptados como costumbres sociales. (...) Es un medio más de lucha, de acción, de crítica, de propaganda, de discusión" (T. I, p. 72).

Pero Recabarren propone además otros medios para la educación obrera: "...el socialismo va creando sus universidades superiores y populares y sus escuelas propias elementales y superiores, donde la enseñanza es tan segura como incomparable a la enseñanza burguesa". Otro medio es la Conferencia, que aprecia como "el medio más popular, de más vasta educación socialista" (T. I, p. 71).

La educación, la cultura y la propaganda son para Recabarren medios efectivos de lucha.

"La educación —nos recuerda— cada vez más desarrollada y más completa irá elevando la cultura de los individuos y de la sociedad, contribuirá mientras más avancemos hacia el porvenir a dotar a cada individuo y, cada sociedad de una perfecta noción del derecho de la libertad" (T. I, p. 70).

Esta es, sin duda, otra de las grandes enseñanzas que nos ha dejado como herencia Recabarren.

Su humanismo

En sus obras encontramos una preocupación permanente: la preocupación por la felicidad y el bienestar moral y físico del hombre. Si hay un rasgo sobresaliente en el pensamiento de Recabarren, éste es el Humanismo.

Desde sus primeros escritos su inquietud fundamental está centrada en el hombre, en su valor como persona y en tanto miembro del colectivo social. "La existencia de los seres humanos debe tener un objeto —plantea—, y no puede ser otro que hacer de la vida una idealidad frente a los goces verdaderos, donde los seres humanos perfectos disfruten de las creaciones de la inteligencia" (T. I, p. 19.)

Sensibilizado por los problemas del bienestar humano, pasa en seguida a la denuncia de la miseria, de la explotación de los obreros, de sus condiciones insalubres de vida, de su bajo nivel cultural y sus vicios, de la postergación de la mujer, etc. "El egoísmo y la ignorancia aliados —dice— forman una inmensa montaña de indiferencia a los dolores humanos" (T. I, p. 77.) "Queremos vivir bien, es el grito del pueblo. (...) La organización industrial capitalista no nos permite poder vivir bien, porque nos obliga a soportar un régimen de esclavitud, de explotación y de opresión" (T. I, p. 135).

En su conferencia "Ricos y pobres", dictada a propósito del Centenario de la Independencia, denuncia con vehemencia el progreso de la clase burguesa, que asocia al progreso de los crímenes y de los vicios de la sociedad. Denuncia las condiciones de vida en conventillos y suburbios, el sistema carcelario y judicial, y proclama la necesidad de luchar para "perfeccionar los hábitos del pueblo" (T. I, p. 175).

Idéntica preocupación manifiesta frente a las condiciones de trabajo. Denuncia que:  "Miles y miles de obreros y obreras trabajan desnudos, andrajosos, doce y catorce horas de pie, esclavos de las máquinas tejedoras, sin ganar ni siquiera para el gasto de comida de una persona, y muchos desocupados vagan implorando se les admita trabajar en esas condiciones" (T. II, p. 91).

Recabarren no se limita, sin embargo, a denunciar las condiciones del hombre bajo el capitalismo. En sus escritos está también presente la premonición del hombre de una sociedad nueva. Sociedad en la que dominan dos sentimientos: la fraternidad y el amor. "Bajo el sentimiento del amor —dice— toda empresa pequeña se vuelve gigantesca (...) el amor es la única base moral y justa en que descansa la vida de la humanidad". Y agrega: "No puede haber amor donde hay opresión y tiranía. No puede haber amor donde hay opresión y explotación. No puede haber amor donde hay ignorancia". (T. I, p. 41.) "El socialismo aspira a que la humanidad sea un hogar feliz dichoso, donde todo sea amor, arte, justicia, libertad, porque sólo así habrá vida" (T. I, p. 43).

Su visión del humanismo es inseparable del socialismo, cuyos actos "no producirán nunca miseria" porque "el socialismo no es odio, sino verdadero amor" (T. I, p. 78), y acarreará a "todos los seres humanos la verdadera felicidad social" (T. I, p. 251).

Humanista, infatigable agitador y organizador, teórico y estudioso de la realidad chilena, líder sindical y político indiscutible, Recabarren encarna toda una tradición de lucha, de esfuerzo denodado por abrir en Chile el surco hacia el socialismo. Su herencia se agranda conforme pasan los años, y su ejemplo se torna más y más iluminador en la tarea inacabada de conquistar para nuestro país una sociedad verdaderamente democrática.

Ronald Wilson es investigador y profesor de Historia de Chile.


Publicado en Revista Araucaria de Chile- N° 35-1986.

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