RONALD WILSON
A Hernán Ramírez Necochea y
Fernando Ortiz Letelier
Luis Emilio Recabarren —cuyo 110 aniversario se celebra este año— desapareció prematuramente el 19 de diciembre
de 1924, el mismo año que muere Lenin. Termina su vida, pero la huella de su
obra no ha cesado desde entonces de agigantarse.
Recabarren sigue presente en
forma activa en la organización y lucha del pueblo chileno. Su herencia
política ha sido asumida por el movimiento popular en sus diferentes etapas:
desde que se fundaron la Federación Obrera de Chile, FOCH, y el Partido
Comunista, hasta los años del FRAP y de la CUT, pasando por el tiempo del
Frente Popular y de la Confederación de Trabajadores de Chile, CTCH. Su legado
estuvo, sobre todo presente en los momentos en que el pueblo chileno llega por
primera vez al gobierno con Salvador Allende y la Unidad Popular.
En estos años de represión y
terror, la vigencia de su ejemplo y pensamiento se hace más viva, más actual.
La clase obrera resiente lo que es la pérdida de su unidad y la persecución a
su organización sindical, y el pueblo se inspira en su herencia para la lucha
por la libertad y la democracia.
Conocer y difundir los
fundamentos de su obra son, hoy, ayudas verdaderas en el duro período que
vivimos, y este trabajo va en esa dirección. El se propone esclarecer, sin
ánimo de agotar el tema, algunos de los puntos claves en la evolución de su
pensamiento, rescatar al político y al teórico socialista, todo lo cual se
agrega la imagen mítica del Recabarren dirigente y agitador, infatigable en su
legendario peregrinar por la pampa salitrera.
Su formación política inicial
Luis Emilio Recabarren Serrano
nació en Valparaíso el 6 de julio de 1876. Hijo de un pequeño comerciante,
comenzó a trabajar desde los catorce años como obrero tipógrafo. Desde muy
joven comienza a interesarse por "la cuestión social", producto sin
duda de su propia experiencia como obrero.
Durante treinta años de lucha
incansable se destacó como guía y líder de la clase obrera. Recabarren fue más
que nada un gran organizador y protagonista, uniendo a ello una gran capacidad
teórica, lo que le permitió asimilar con relevante nitidez la realidad de su
época e ir confrontándola con las ideologías que representaban el progreso
social.
Fue todo lo contrario de un
dogmático teórico, ya que supo siempre unir la teoría con la praxis. Su papel
de periodista, fundador de decenas de periódicos obreros, sus folletos de
difusión del socialismo, sus charlas, e incluso su incursión en el teatro,
hacen de él un maestro, un pedagogo de multitudes, sumando a ello el coraje y
visión política del dirigente y la sensibilidad magnífica del humanista.
Es evidente en la formación
político ideológica de Recabarren. la influencia de tres factores importantes.
Primero, su gran conocimiento de
la realidad económico social y política que le toca vivir, así como un
conocimiento bastante profundo de la historia de Chile. Segundo, sus viajes al
extranjero, en 1906-1908 a la Argentina, Francia y Bélgica; posteriormente en
1916-1918 su retorno a Argentina, y en 1922 su participación en el IV Congreso
de la Internacional Comunista en Moscú. Estos viajes, especialmente los
primeros, fueron para él de una gran importancia en su formación; en ellos se
puso en contacto con dirigentes socialdemócratas como Juan B. Justo, Pablo
Iglesias y Jean Jaurés, al mismo tiempo que conoce más a fondo la doctrina
socialista y las experiencias de los movimientos obreros europeos. Y tercero,
la influencia que por diversas vías le llega del socialismo utópico y luego del
marxismo.
Un estudio de sus obras nos
muestran claramente la evolución que experimenta Recabarren, desde posiciones
anarco sindicalistas, pasando por un socialismo de tendencias utopistas hasta
llegar al dirigente que ha asumido creadoramente la ideología propia de la
clase obrera, el marxismo, aún con todas las limitaciones que en esos años
había en Chile para conocer dicho pensamiento.(Manuel Castro. "Recabarren. Su legado", en Araucaria N° 19, Madrid, 1982, Pág. 63)
En 1906, Recabarren fue elegido
Diputado por Tocopilla, siendo militante del Partido Demócrata, pero la mayoría
conservadora de la Cámara lo expulsó del Parlamento con los más burdos
pretextos, reflejando su desprecio por un hombre que llegaba a ser Diputado en
representación de los obreros.
En su defensa deja ver ya la
claridad de su posición de clase a la vez que denota el germen de su análisis
teórico. En parte de su discurso dice que "...se ha hecho alarde por
la prensa de mi conducta personal, que se califica de revolucionaria, de
propaganda violenta. (...) No es que nosotros traigamos aquí esta división de
clases para acentuarla ante la Cámara; es la Cámara la que marca ésta división
cuando al pobre, por el solo hecho de ser pobre, se le señala la puerta. (...)
Cuando la clase trabajadora lleva sus representantes a las instituciones
públicas bajo el amparo de las leyes existentes, llega la mano enguantada del
caballero a usurparle su legítima representación manifestándole que no es digna
de su compañía". (Luis Emilio Recabarren. El pensamiento de... (dos tomos). Santiago, Editora Austral, 1971. Tomo I, pág. 285. (En adelante: LER, indicando tomo y página.)
Es más clara su posición de
clase, a la vez que se trasluce en sus palabras el desencanto por ver burlada
la legalidad de un poder público, del Estado, en contra de un trabajador.
En sus obras posteriores a 1907
ha acogido y desarrollado más su ideario socialista. La experiencia de la
álgida lucha de clases de esos años le va conformando una ideología más
revolucionaria. Es la época de las grandes huelgas ferroviarias y del salitre,
de la masacre de la Escuela Santa María, de la fundación de la Federación
Obrera de Chile, FOCH, y de la fundación en 1912 del Partido Obrero Socialista.
La inquietud obrera, tras un
significativo estallido en el año 1890, durmió hasta concluir el siglo.
Comenzando el que corre, su diapasón marcó tonos cada vez más agudos...
Valparaíso en 1903, Antofagasta en 1906, y el año anterior, la Semana Roja de
Santiago. Toda esa época fue de gran efervescencia obrera. Después de Santa
María, que marca un punto clave en la lucha obrera, a pesar de haber sido
aplastada por la violencia, ya en 1908 se contabilizaron 29 huelgas; 1910
presenció la gran agitación ferroviaria por el descuento que el gobierno impuso
a los salarios, y cuando corría 1913 una huelga general inmovilizó Valparaíso;
luego vienen los sangrientos conflictos de Puerto Natales y Punta Arenas, en
1919 y 1920 respectivamente. De norte a sur el país era remecido por crecientes
luchas obreras. (Gonzalo Vial. Historia de Chile. Santiago. Editorial Santillana, 1982. Vol. I. tomo II, pág. 867)
En 1912, Recabarren escribe una
de sus más importantes obras, El socialismo, publicado como folletín en el
diario que él mismo dirigía, El despertar de los Trabajadores.
El visualiza el socialismo como
la gran realización de la humanidad, como el estado de perfección. "La
historia de la humanidad —dice— es la historia de las transformaciones y del
progreso". Más adelante define al socialismo como "lo opuesto a todos
los defectos sociales y por lo cual aparece como el perfeccionamiento
mismo". (LER, T. I, p. 24.)
Para lograr ese estado de
perfección plantea tareas concretas, que hoy nos pueden parecer anacrónicas,
pero en el contexto de su época y de su desarrollo ideológico son valiosos
aportes al progreso social. Estas líneas de ideas serán permanentes en su
crecimiento ideológico, pero a la vez irán enriqueciéndose y haciéndose más
claras y sólidas.
Su concepción de la lucha
económica
En las obras de Recabarren se dan
tres elementos que irá desarrollando paulatinamente. El primero de ellos lo
podemos calificar como la etapa de la lucha económica de la clase obrera.
Dentro de éste primer elemento asoma como fundamental su preocupación por el
Gremio y el Sindicalismo.
La organización gremial a nivel
nacional e internacional fue una conquista obrera, intuida y realizada por
Recabarren desde muy temprano, entendiendo el rol esencial de la organización y
la unidad de la clase obrera como ente autónomo e independiente. A la vez que
en esa praxis iba comprendiendo el rol histórico del proletariado como agente
de cambios.
En 1921, en su libro La
Federación Obrera de Chile y los beneficios inmediatos del Gremialismo.
Recabarren desarrolla profundamente su concepción de la organización obrera
como arma reivindicativa y política. Como organización independiente de clase. "Se
entiende—declara en su escrito-, y esto debe quedar bien claramente
comprendido, que sólo aceptamos como organizaciones útiles para el bienestar
del proletariado, aquellas organizaciones formadas exclusivamente por el
proletariado con eliminación absoluta de la clase patronal, por la sencilla
razón de que siendo antagónicas, es decir, opuestos los intereses de
asalariados y patrones, estando juntos dentro de una sociedad los patrones
serán siempre una fuerza que detenga y retarde el mejoramiento proletario".
(LER, T. I, p. 222.)
El otro factor importante de la
lucha es la huelga. Las acciones obreras en contra de la explotación surgen en
Chile desde iniciada la vida republicana. Esas primeras manifestaciones fueron
acciones espontáneas, acciones directas, como el robo de minerales, destrucción
de maquinarias, asalto a pulperías o abiertas insurrecciones contra los
patrones, como sucedió en Chañarcillo en 1934. Pero las primeras huelgas
reivindicativas organizadas datan de mediados del siglo xix (la primera huelga
como tal se registra en 1849), las que se van incrementando cuantitativa y
cualitativamente con el correr del siglo.
Para Recabarren la huelga
organizada es un arma eficaz en manos de la clase obrera. Su fuerza está en la
organización.
"...Los trabajadores tienen
a su disposición un arma formidable de poder casi siempre invencible y esa arma
es la huelga, es decir, la paralización colectiva del trabajo" (LER, T. I,
p. 54).
"La huelga es el camino de
su lucha por la verdadera emancipación (con la cual) los trabajadores podrán
llegar a realizar completamente sus grandes aspiraciones de justicia
social" (pp. 54-55).
A pesar de la importancia que
Recabarren otorga al movimiento huelguístico como arma de presión, no se
detiene en esa forma de lucha, y plantea un tercer punto, el movimiento
cooperativo que hoy puede ser muy discutido, pero que en el contexto de su
tiempo es de una gran audacia revolucionaria. Con esto queda en claro cómo
Recabarren va asumiendo creadoramente experiencias de nuevas formas de lucha
social, aunque analizadas hoy sin perspectiva histórica puedan aparecer como
proposiciones inaplicables.
Por otro lado, también es erróneo
hacer una extrapolación ahistórica de las categorías usadas por Recabarren para
justificar en nuestros días posiciones ideológicas impregnadas de
reminiscencias pequeño burguesas.
La cooperativa es vista por
Recabarren como un medio de transformación social. El movimiento cooperativo es
para él un medio reivindicativo frente al poder del estado y del capitalismo,
que puede ser útil para el socavamiento de la estructura económica y política,
realizado desde el interior mismo del sistema.
Es interesante en este punto destacar
cómo el discurso de Recabarren sobre la lucha económica y en especial sobre el
movimiento operativo, que tiene sus orígenes en el socialismo utópico de Owen,
difiere radicalmente de éste, por su definida posición de clase y objetivos
revolucionarios.
Es a la vez oportuno comparar las
ideas de Recabarren con la opinión de Lenin respecto a los puntos que hemos
tocado sobre la lucha económica de la clase obrera. En el escrito "Nuestro
Pro¬grama", de 1899, dice que la esencia de ese programa "es la
organización de la lucha de clases del proletariado y (en) la dirección de
ésta, cuyo objetico final es la conquista del poder político por el
proletariado y la estructuración de la sociedad socialista. La lucha de clases
se compone de la lucha económica (contra capitalistas aislados o contra grupos
aislados de capitalistas por el mejoramiento de la situación de los obreros) y
de la lucha política (contra el gobierno, por la ampliación de los derechos del
pueblo, esto es, por la democracia, y por la ampliación del poder político del
proletariado)". El análisis de Recabarren al respecto no está lejos, lo
que es bastante notable, si se tiene en cuenta que seguramente no conoció los
escritos leninistas sino hasta la época de su viaje a Rusia.
Recabarren intuye, de alguna
manera más o menos clara, el problema de que "el sindicato mismo debe ser
de hecho una fuerza política de clase"; cumple una función de organización
de masas, de agitación, de presión económica y política, y el partido cumple un
rol de conducción política. Esta distinción clave entre sindicato y partido la
hace Lenin explícitamente en su análisis de la experiencia de la revolución
bolchevique.
Lucha de clases y poder político
El socialismo para Recabarren es
la culminación lógica del desarrollo histórico de los pueblos. Este destino
socialista no es producto de la casualidad, sino que es producto, por una
parte, de la dinámica inevitable de la historia y del progreso y por otra, de
la lucha organizada de las clases oprimidas por conquistar un futuro más justo
y libre. Así lo manifiesta en 1912, al decir que "si el socialismo es una
doctrina que, introducida en la vida social, política y económica aumenta los
goces y felicidades, con sólo ir modificando paso a paso las costumbres, tiene
en el pasado una razón de su evolución. El mundo ha sido en su carrera hasta el
presente una cadena de transformaciones. El Socialismo será una transformación
inevitable" (LER, T. I, p. 23).
La inevitabilidad del socialismo
no significa pasivismo, o un mero evolucionismo social. Es una necesidad
histórica que debe ser guiada, hecha carne y sangre en la conciencia de la
clase llamada, por su posición en la producción, a ser la fuerza
transformadora. Y esa acción se desarrolla, en el campo de la lucha económica y
en la lucha política. Es decir, en las conquistas parciales de la clase obrera
y en la transformación radical de las estructuras económicas, tanto como en la
super-estructura del poder político estatal. (V. I. Lenin. "Nuestro
programa. 1899", en Obras escogidas. Moscú, Editorial Progreso, 1971.)
Estos principios los tenía
meridianamente claros Recabarren. El no fue un ingenuo economicista y menos aún
un político reformista. Así lo deja en claro cuando, refiriéndose al
significado del socialismo declara: “se entiende por propiedad
colectiva o común, la abolición de la propiedad individual o privada, de manera
que la tierra, los edificios, las maquinarias, herramientas y todo cuánto
existe producido por el trabajo del hombre sea utilizado por todos y para
todos, repartido en la justa proporción que cada cual necesita según sus
gustos" (LER, T. I, p. 112).
Esta transformación de la base
económica, sólo se consigue por medio de la organización y la lucha de clases,
y ella implica "romper un mundo pasado, a veces con violencia y dolor.
"En el pasado —dice— casi todos los progresos políticos, sociales y
económicos de los pueblos se han realizado por medio de la violencia
sangrienta" (LER, T. I, p. 23). Pero el problema del poder político y de
las transformaciones revolucionarias no radican para Recabarren en la violencia
o no violencia de los procesos, sino en la fuerza de las masas, que en un
momento dado son capaces de invertir el curso de la historia en favor de las
mayorías. En la medida que la organización obrera sea más cohesionada y
consciente, los cambios revolucionarios tendrán posibilidad de ser menos
sangrientos. Depende aquello de la obtención de una correlación de fuerzas
favorable a la democracia y el socialismo. En un texto ya citado respecto a la
huelga, Recabarren nos decía que aunque pacífica, ésta es en sí misma un acto
de presión o de violencia.
Y citando un artículo publicado
en el periódico El Trabajo, escrito por un obrero de Tocopilla en 1903,
ejemplifica claramente el problema de la revolución y la violencia diciendo: "...la revolución seguirá
impertérrita su marcha, tranquila si la libertad la ampara, violenta y terrible
si se la pretende detener en su camino". (LER, T. 1, p. 112.)
En la lucha de clases es el poder
político el que despeja la incógnita acerca de la posibilidad real de construir
el socialismo. No basta el sindicato, ni la lucha por mejores condiciones de
vida, "porque la clase capitalista no otorga espontáneamente ningún
mejoramiento" (LER, J. I, p. 113). Menos aún se dejará despojar del poder
político que controla. Vemos, dice Recabarren, "por los hechos y la
experiencia, que el poder político, que la cuestión política, es el factor que
permite la agonía económica y la esclavización de la clase obrera".
La historia avanza con la lucha
ininterrumpida por el progreso material y social de la humanidad. Podrá haber
estancamientos o retrocesos, oscuros momentos de represión y consolidación de
la opresión, pero el ritmo de los acontecimientos es avasallador, "Es la
misma historia la que nos indica el camino —dice Recabarren—. Para las nuevas
formas económicas que creaba en Francia la revolución debían corresponder
también nuevas formas o medios políticos. De ahí que nuestra aspiración no
pueda separarse de la continuación de la historia. Para la consolidación del
sistema económico que planteamos con la abolición del salario y del régimen de
propiedad privada, que es su causa, necesitamos un sistema político propio, y
es ése el que vamos a la vez extendiendo con nuestra acción socialista".
(LER, T. II, pág. 48.)
Ese sistema político propio para
las masas obreras y para el conjunto de la sociedad, es el socialismo, que se
obtendrá usando todos los medios que el pueblo tenga a su alcance.
"El proletariado ha recibido
y recibe la enseñanza que prepara su capacidad abolidora. Sabe que el
sindicato, que la cooperativa y el sufragio son armas más formidables que las
que dispone la clase capitalista. Está pues, en superiores condiciones para la
lucha" (LER, T. II,
"Hay que poner en práctica
la nueva táctica que nos asegure la abolición del régimen capitalista",
nos plantea además Recabarren. "También la organización obrera debe
utilizar su fuerza política, empleándola para desalojar a la burguesía del
poder y para la crítica del régimen burgués de explotación, pues no podrá
obtener resultado en un parlamento burgués" (id.). Encontramos aquí un
planteamiento relevante para comprender la estrategia y táctica de la lucha
obrera: el problema del derecho del pueblo a conquistar el poder. "En
buenas cuentas —dice Recabarren— el socialismo sólo realiza acciones legales,
puesto que su marcha va siempre encaminada a perfeccionar. (...) Nuestra acción
marcha hacia la perfección y por eso jamás podrá ser ilegal." (p. 126.)
La legalidad y legitimidad de las
conquistas proletarias no las impone la burguesía, sino que las adquiere como
valores propios y concluyentes el proletariado en lucha. Es legal todo aquello
que vaya unido a la acción de progreso de toda la sociedad.
En una sesión de la Cámara en
1921, Recabarren defiende las posiciones revolucionarias del Partido Obrero
Socialista, y el derecho que le cabe a postular el rol de la clase obrera en la
lucha política: "Si la opinión pública está
dividida en partidos que luchan por la conquista del poder político, si
vosotros estáis divididos en diversas tendencias políticas y lucháis por
apoderaros del poder político..., ¿nosotros no tenemos el mismo derecho? Al
contrario: ante estos delitos, ante estas inseguridades, nosotros habremos de
luchar con firmeza hasta conquistar todos nuestros derechos, primero por medio
de la legalidad; pero cuando vemos que se nos cierra el camino de la legalidad,
iremos si es preciso, y no lo dudéis, a la Revolución. Y nadie puede negarnos
en esta Cámara el derecho de hacer la revolución" (LER, T. 1, p. 109).
Su concepción de la democracia
Recabarren nos dice que "la
consecuencia de la propiedad privada es la coexistencia de patronos y obreros y
la explotación que hacen los patrones del trabajo de los obreros. Como
consecuencia de la existencia de patrones y obreros, existe también el gobierno
político de los países con todo su cortejo de opresiones y tiranías" (T.
I, p. 11). Más adelante explícita estos juicios: "el socialismo es, pues,
desde el punto de vista científico una doctrina económica que tiene por objeto
aumentar los goces humanos "..."; es, desde el punto de vista social,
una doctrina de sentimientos de justicia y moral, que tiene por objeto suprimir
todas las desgracias ocasionadas por la mala organización, para que la vida sea
vivida en medio de goces perpetuos" (p. 13). "La transformación de
las propiedad no es otra cosa que el perfeccionamiento del derecho. Todos
tienen derecho a vivir bien" (p. 19).
Todos tienen derecho a vivir
bien. En esto consiste para Recabarren el centro de lo que es la democracia. La
democracia es un problema de justicia, de crear una sociedad cimentada de tal
manera que esa justicia sea una realidad y no una ilusión, y sus palabras son
claras al respecto: "...la doctrina socialista aspira a que el trabajador
disfrute del fruto íntegro de su trabajo, porque esto es justicia y razón"
(T. I, p. 39).
La transformación de la sociedad,
para llegar a lograr una democracia verdadera, va unida a una lucha por
conquistar ese derecho, "...uniendo la acción de la mayoría socialista en
un Congreso, con la acción gremial, cooperativa y educativa, su poder
revolucionario será incontenible y no será obra de muchos años la realización
completa de una vida socialista" (T. I, p. 167).
La finalidad de ese poder
revolucionario incontenible es la democracia que tiene como sustento una
sociedad basada en la justicia, es decir en la plenitud de derechos y en la
abolición de la explotación. No es la democracia burguesa, sino la democracia
que impondrán las mayorías. Buscando las diferencias entre una y otra,
Recabarren escribe: "...si son las doctrinas de
la democracia moderna, cifran la felicidad en el mediocre progreso que pueden
ofrecer las democracias (...) si todas conservan la propiedad individual con el
derecho a su progreso y al egoísmo que ese sistema encierra, es inútil que
aspiren sinceramente a ningún mejoramiento ni perfeccionamiento efectivo (...)
porque precisamente, el socialismo transforma la propiedad individual
perfeccionándola en colectiva o común, es entonces que adquiere su fuerza
poderosa de verdadero progreso del cual no puede nacer sino felicidad"
(T.I, p. 84).
Como vemos, la democracia no se
reduce a un problema superestructura, de división de los poderes políticos,
herencia de la revolución francesa, sino que va más allá, y esencialmente la
democracia, vista como forma de vida, de organización social, tiene sus raíces
en lo que es la clave de una sociedad, su estructura económica, y ligada
dialécticamente a ello, el problema del poder político. Es decir, la democracia
no es ajena al modo de producción dado.
La lucha por la democracia está
ligada a la lucha de clases y ésa es una realidad indesmentible. No puede haber
democracia verdadera si existen privilegios de clase.
La democracia efectiva, por otra
parte, es inherente al socialismo, no como un factor yuxtapuesto, sino como
elemento constitutivo y esencial: no hay democracia sin socialismo, ni hay
socialismo sin democracia. Dice Recabarren: "La gran fuerza que
anhelamos desarrollar no es para violentar y aplastar a nadie; es a mi juicio
para crear la nueva sociedad que ha de libertar a capitalistas y obreros de la
esclavitud del régimen en que viven, no aplastando a una clase, sino
construyendo con su actividad, su fuerza, su inteligencia, los elementos
constructivos de la nueva sociedad libre (...) Esta es nuestra revolución"
(T. II, p. 117).
Pero para lograr realizar esta
nueva sociedad libre, el proletariado y el conjunto de la sociedad, ha de
conquistar el poder político para hacer florecer esa nueva forma de organización
social. La base de esa conquista está en la fuerza y organización de la clase
obrera, que, unida a otros sectores sociales, construirá la democracia y el
socialismo.
Recabarren es claro en cuanto a
no enmarcarse en una forma de lucha única. La revolución es obra de la
capacidad de las masas para imponer su poder. En relación con esto nos dice: "La clase obrera, no
pudiendo ni debiendo pensar seriamente en organizar una revolución armada para
derribar el poder del capitalismo, no debiendo hacernos la ilusión de que, por
poderosa que fuera la acción del sindicato, en combinación con la cooperativa,
si la clase capitalista está en el dominio del poder político, usará la
metralla despiadadamente para vencernos, es juicioso y serio, y también lo más
inteligente, que la clase obrera a la vez que fortifica el sindicato y la
cooperativa... debe avanzar sus posiciones, cuanto más sea posible es el
terreno político, porque esta tercera arma es decisiva en esta contienda cuyo
primer aspecto es la lucha de intereses de las clases (...) El poder político
en manos de la Federación de los sindicatos y del Partido Socialista (impedirá)
que la clase capitalista utilice jueces, policías y ejército, para aplastar por
la fuerza de la metralla el indispensable triunfo de la inteligencia y de la
moral obrera" (T. II, p. 83).
Como vemos, para Recabarren, la
democracia no se da en abstracto, sino que está ligada a las distintas formas
de lucha que usa la clase obrera y unida indisolublemente a la solución del
problema del poder político y a las transformaciones económicas de la sociedad.
Recabarren y la Revolución de
Octubre
La influencia de la revolución de
Octubre en Recabarren y en el movimiento obrero chileno es evidente, pero la
vemos como la etapa superior de un pensamiento, no contradictorio con la
experiencia teórica y práctica anterior. Podríamos decir que, a partir de este
acontecimiento histórico, Recabarren decanta posiciones y a la vez consolida lo
ya logrado. Por lo demás, éste es un proceso que se vivió históricamente con
todos los teóricos y dirigentes de la social-democracia, con el quiebre de la
II Internacional. Recabarren no es la excepción: El opta conscientemente por
una posición de clase y por los postulados del socialismo científico, llevado
no por un impulso sentimental sino por la lógica de su propia praxis.
En 1923, después de su viaje a
Rusia, su concepción del poder político, de las transformaciones económicas, de
la dictadura del proletariado, en una palabra, su concepción del socialismo, se
ven reafirmadas.
Respecto a la dictadura
proletaria, en su libro La Rusia Obrera y Campesina nos dice: "La Dictadura Proletaria en
pleno vigor todavía existe y se mantiene por la voluntad de toda la
organización proletaria, y ella es la fuerza que garantiza la estabilidad del
poder obrero contra la intención de restaurar el sistema de explotación
capitalista con todo su cortejo de esclavitud y opresión (...) La Dictadura
Proletaria es la fuerza inteligente que garantiza a los trabajadores la muerte
definitiva del sistema de tiranía y explotación capitalista. La dictadura
proletaria desaparecerá por sí sola cuando las raíces del sistema capitalista
hayan desaparecido completamente" (T. II. pp. 189-190).
Recabarren nos explica el por qué
de su viaje a Rusia:
"Fui a ver si la clase
trabajadora tenía en sus manos efectivamente el poder político, con el cual
garantice la conservación en sus manos del poder económico; fui a ver si la
clase trabajadora tenía en sus manos la dirección del poder económico, con el
cual irá construyendo su bienestar; fui a ver si la clase trabajadora había
abolido ya definitivamente todo el estado de explotación capitalista y de
tiranía; fui a ver si la expropiación de los explotadores estaba ya
completamente consumada en Rusia; (...) y pude ver con alegría que los
trabajadores de Rusia tenían efectivamente en sus manos toda la fuerza del
poder político y económico y que parece imposible que haya en el mundo fuerza
capaz de despojar al proletario de Rusia del Poder ya conquistado" (T. II,
p. 135).
Al final del libro nos advierte:
"He vuelto de Rusia más
convencido que antes que urge apresurar la Revolución social que ponga en manos
del pueblo todos los poderes para la construcción de la sociedad
comunista" (T. II, p. 249).
Con lo expuesto nos parece que
vamos mostrando cómo Recabarren fue adquiriendo en la praxis de la lucha obrera
una concepción coherente del socialismo. Se advierte en él una evolución
teórica y política que se desarrolla desde posiciones muy germinales hasta
posiciones de un socialismo maduro y original.
Sin duda que Recabarren tiene
mucho de revolucionario intuitivo, porque fundamentalmente fue un hombre de
acción: pero él recoge vitalmente la experiencia de treinta años de lucha y
paulatinamente va asimilando la teoría del socialismo científico, el marxismo,
en una forma creadora y abierta. Su sensibilidad lo llevó a convertirse en
líder y maestro, en político y teórico, y es evidente que en su trayectoria
conoció y estudió escritos de Marx, al menos, el primer tomo de El Capital y El
Manifiesto Comunista, como deja constancia su compañero Elias Lafertte, y
posteriormente conoció sin duda los escritos de Lenin. Es difícil pensar su
propio desarrollo teórico sin el apoyo de estos escritos.
Pero Recabarren tiene, antes que
nada, un profundo sentido de clase, que impregna su lucha por la organización
sindical, y su lucha política, y que lo lleva a plantear que sólo el socialismo
es la solución a los agobiantes problemas del proletariado.
En la estrecha relación entre los
principios y la acción encontramos los puntos claves que explican la coherencia
en el desarrollo de su pensamiento teórico. No hay en él elementos
contradictorios, sino una evolución dialéctica hasta llegar a aquello que hoy
nuestra clase obrera recoge como herencia. La formación de sindicatos a lo
largo de Chile, la fundación de diarios y volantes obreros, la FOCH, el POS, y
finalmente la transformación de éste en el Partido Comunista de Chile, en 1922,
nos muestran la consecuencia de un verdadero Revolucionario, que no transó
jamás los intereses de la clase por la cual dio su vida.
El papel del partido
También la evolución del
pensamiento de Recabarren se manifiesta en su concepción del Partido como
herramienta fundamental de la lucha de clases. Es diferente el objetivo y
programa del Partido Obrero Socialista, en 1912, y su posterior concepción del
partido como vanguardia política al formarse en 1922 el PCCH. Si bien hay una
continuidad histórica, hay una diferencia importante en cuanto al papel que le
asigna y a las características organizativas y a su posición política.
En el reglamento del POS leemos:
"El Partido Obrero
Socialista es fundado con el objeto de reunir todas las fuerzas proletarias del
país, a fin de mejorar de común acuerdo, la suerte del proletariado. Para
cumplir esta tarea y para realizar en seguida su objetivo más elevado: la
emancipación completa de los trabajadores, el partido se organiza en el terreno
económico y político" (T. I, p. 91).
El POS está en sus comienzos aún
muy ligado a la solución electoral y a la acción reivindicativa, aunque siempre
se planteará una indiscutible posición de clase. Así, en los mismos estatutos
se plantea que el partido "propenderá por todos los medios a su alcance a
la organización de sociedades gremiales y a la creación de federaciones de
oficio para su mejoramiento moral y material y cooperará con sus fuerzas al
triunfo de las luchas entre el capital y el trabajo" (T. I, p. 94). Así
también el reglamento indica la forma de participar en las elecciones, cómo
nominar candidatos, cómo realizar alianzas, etc.
En 1917, en su folleto "Las
proyecciones de la acción sindical", aún mantiene la confianza en la
posibilidad de la toma del poder político por medio de una mayoría
parlamentaria. Aunque sus criterios pudieran aparecer como un reduccionismo
político parlamentarista, vemos por el contrario que, si bien es cierto lo
mantiene como medio, los fines que persigue son radicalmente claros, centrando
su planteamiento en el problema del poder. A partir de este punto clave es que
dice: "...si la clase obrera cuenta con mayoría en el Parlamento, el
gobierno político del país estará en sus manos, neutralizará el poder del
estado burgués y podrá socializar la producción (...) En estas condiciones,
aunque exista ejército, no teniendo la burguesía el poder político para usar
las fuerzas armadas, el triunfo de esa fracción del proletariado organizado
podría determinarse por las condiciones de la acción" (T. II, pp. 85-86).
La debilidad de su análisis en este punto, está en la no comprensión a fondo
del papel de las Fuerzas Armadas como elemento decisivo en la defensa del poder
burgués, y por lo tanto, de todo el aparato del Estado.
La influencia del proceso
revolucionario ruso, sumado a la polarización de la socialdemocracia, tendrá repercusión
también, en el rol que Recabarren le asigna al partido proletario. La
transformación del POS en Partido Comunista es reflejo de aquello.
La experiencia que le da el
conocer a un partido en el poder le permite madurar su propia concepción de
éste; aunque es evidente que él tenía ya muchas ideas claras desde el mismo
momento de su fundación. Al adherirse inmediatamente a la III Internacional, el
partido Comunista de Chile fue desde sus comienzos un partido marxista en su
ideología y leninista en su organización, que se afianzará, no sin problemas,
en la década del 30.
La posición de Recabarren también
evolucionará con respecto a los sindicatos y su papel en la sociedad.
Refiriéndose a su papel en el poder político del estado, nos dice:
"La experiencia ha dejado
establecido que no es posible confiar esta labor a los sindicatos, porque en
razón de la composición de sus elementos, es difícil construir la disciplina
que se requiere para segurar el triunfo de la Revolución proletaria" (T.
II, p. 180).
Se clarifica con esto la
distinción necesaria entre sindicato como organismo de masas y el Partido
Obrero como conductor político de la clase.
Educación, cultura y propaganda
revolucionarias
Uno de los aspectos más
sobresalientes de la obra de Recabarren es sin duda su obra de educador y
propagandista. Su concepción del socialismo está íntimamente ligada a la
educación de las masas obreras. El comprende que la conciencia revolucionaria
del proletariado no es espontánea, sino que hay que educarla, para que los
trabajadores, de sentirse clase en sí, lleguen a tener conciencia de ser una
clase para sí.
"Creemos —dice— que toda
persona que llegue a comprender completamente el socialismo no podrá rechazarlo
y concluirá por ser su abnegado defensor" (T. I, p. 12).
Esa comprensión del socialismo
hay que guiarla y desarrollarla, para contrarrestar la influencia en los
trabajadores de la ideología y cultura burguesas. Es por ello que,
"mientras más rápidamente avancemos en la cultura y la educación junto con
la organización de los trabajadores, más cerca, mucho más cerca estamos del
porvenir y, por tanto, del socialismo" (p. 12).
Ya en 1912, Recabarren prevé la
necesidad de unir lo que es el movimiento obrero con la ideología de la clase
obrera, el socialismo, la educación obrera es una de sus preocupaciones básicas
y para lograr ese fin propone
medios concretos de acción. Valora entre otras cosas la importancia de los
intelectuales que adoptan el socialismo como una valiosa ayuda a la causa
obrera. Pero en primer nivel pone a "la prensa (como) arma de educación
(...); la prensa socialista se multiplica incesantemente esparciendo su obra
instructora y educadora en todas las esferas donde dicha prensa penetre"
(T. I, p. 69).
No es extraña esta preocupación
de Recabarren por la educación obrera y por la propaganda socialista a través
de la prensa, ya que él comenzó su vida laboral como obrero tipógrafo. Sus más
importantes escritos los realizó como folletines o artículos de diarios
fundados por él mismo, o que dirigió, como El Despertar de los Trabajadores, y
muchos otros como El Trabajo, El Proletario, La Vanguardia, La Reforma, La
Democracia, El Grito Popular (dirigido también por Elias Lafertte), Bandera
Roja. La Jornada, etc., publicados de norte a sur del país.
"La prensa es un arma
poderosa —dice— y los socialistas tienen un gran cariño por la prensa y gastan
gran actividad para su progreso. Desde las columnas de la prensa el socialismo
hace notar gráficamente los absurdos y los defectos monstruosos que existen
todavía en el día de hoy amparados por la sociedad burguesa y adoptados como
costumbres sociales. (...) Es un medio más de lucha, de acción, de crítica, de
propaganda, de discusión" (T. I, p. 72).
Pero Recabarren propone además
otros medios para la educación obrera: "...el socialismo va creando sus
universidades superiores y populares y sus escuelas propias elementales y
superiores, donde la enseñanza es tan segura como incomparable a la enseñanza
burguesa". Otro medio es la Conferencia, que aprecia como "el medio más
popular, de más vasta educación socialista" (T. I, p. 71).
La educación, la cultura y la
propaganda son para Recabarren medios efectivos de lucha.
"La educación —nos recuerda—
cada vez más desarrollada y más completa irá elevando la cultura de los individuos
y de la sociedad, contribuirá mientras más avancemos hacia el porvenir a dotar
a cada individuo y, cada sociedad de una perfecta noción del derecho de la
libertad" (T. I, p. 70).
Esta es, sin duda, otra de las
grandes enseñanzas que nos ha dejado como herencia Recabarren.
Su humanismo
En sus obras encontramos una
preocupación permanente: la preocupación por la felicidad y el bienestar moral
y físico del hombre. Si hay un rasgo sobresaliente en el pensamiento de
Recabarren, éste es el Humanismo.
Desde sus primeros escritos su
inquietud fundamental está centrada en el hombre, en su valor como persona y en
tanto miembro del colectivo social. "La existencia de los seres humanos
debe tener un objeto —plantea—, y no puede ser otro que hacer de la vida una idealidad
frente a los goces verdaderos, donde los seres humanos perfectos disfruten de
las creaciones de la inteligencia" (T. I, p. 19.)
Sensibilizado por los problemas
del bienestar humano, pasa en seguida a la denuncia de la miseria, de la
explotación de los obreros, de sus condiciones insalubres de vida, de su bajo
nivel cultural y sus vicios, de la postergación de la mujer, etc. "El
egoísmo y la ignorancia aliados —dice— forman una inmensa montaña de
indiferencia a los dolores humanos" (T. I, p. 77.) "Queremos vivir
bien, es el grito del pueblo. (...) La organización industrial capitalista no
nos permite poder vivir bien, porque nos obliga a soportar un régimen de
esclavitud, de explotación y de opresión" (T. I, p. 135).
En su conferencia "Ricos y
pobres", dictada a propósito del Centenario de la Independencia, denuncia
con vehemencia el progreso de la clase burguesa, que asocia al progreso de los
crímenes y de los vicios de la sociedad. Denuncia las condiciones de vida en
conventillos y suburbios, el sistema carcelario y judicial, y proclama la
necesidad de luchar para "perfeccionar los hábitos del pueblo" (T. I,
p. 175).
Idéntica preocupación manifiesta
frente a las condiciones de trabajo. Denuncia que: "Miles y miles de obreros y
obreras trabajan desnudos, andrajosos, doce y catorce horas de pie, esclavos de
las máquinas tejedoras, sin ganar ni siquiera para el gasto de comida de una
persona, y muchos desocupados vagan implorando se les admita trabajar en esas
condiciones" (T. II, p. 91).
Recabarren no se limita, sin
embargo, a denunciar las condiciones del hombre bajo el capitalismo. En sus
escritos está también presente la premonición del hombre de una sociedad nueva.
Sociedad en la que dominan dos sentimientos: la fraternidad y el amor.
"Bajo el sentimiento del amor —dice— toda empresa pequeña se vuelve
gigantesca (...) el amor es la única base moral y justa en que descansa la vida
de la humanidad". Y agrega: "No puede haber amor donde hay opresión y
tiranía. No puede haber amor donde hay opresión y explotación. No puede haber
amor donde hay ignorancia". (T. I, p. 41.) "El socialismo aspira a
que la humanidad sea un hogar feliz dichoso, donde todo sea amor, arte,
justicia, libertad, porque sólo así habrá vida" (T. I, p. 43).
Su visión del humanismo es inseparable
del socialismo, cuyos actos "no producirán nunca miseria" porque
"el socialismo no es odio, sino verdadero amor" (T. I, p. 78), y
acarreará a "todos los seres humanos la verdadera felicidad social"
(T. I, p. 251).
Humanista, infatigable agitador y
organizador, teórico y estudioso de la realidad chilena, líder sindical y
político indiscutible, Recabarren encarna toda una tradición de lucha, de
esfuerzo denodado por abrir en Chile el surco hacia el socialismo. Su herencia
se agranda conforme pasan los años, y su ejemplo se torna más y más iluminador
en la tarea inacabada de conquistar para nuestro país una sociedad
verdaderamente democrática.
Ronald Wilson es investigador y
profesor de Historia de Chile.
Publicado en Revista Araucaria de
Chile- N° 35-1986.

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