“Los que estamos en la política,
en los negocios, en el Gobierno, estamos en deuda con Chile”…”Hemos carecido de
firmeza y rapidez para evitar que las malas prácticas corrompan nuestras
relaciones políticas y económicas”….”Soy la primera en hacer este reconocimiento.
Asumo mi rol en el proceso de renovación que nos llevará a construir una
democracia transparente (…) Pudimos hacer más para que prime la transparencia
en la relación entre política y negocios. Pensamos erradamente que nuestras
leyes podían limitar las malas prácticas que hoy erosionan la legitimidad de la
democracia y no siempre supimos condenar con fuerza los modos éticamente
imprudentes de hacer negocios que hemos conocido”. Estas son las palabras de la
Presidenta Michelle Bachelet al recibir el Informe de “Consejo Asesor
Presidencial contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la
corrupción”.
El informe final del consejo, nos
platea en cuatro capítulos una serie de propuestas que se refieren a los
objetivos establecidos para el Consejo, que fue proponer un nuevo marco
normativo, que permita el cumplimiento efectivo de los principios éticos, de
integridad y transparencia, en sus aspectos legales y administrativos para
logar el eficaz control del tráfico de influencias, prevención de la corrupción
y de los conflictos de interés en los ámbitos de los negocios, la política y el
servicio público, así como en la relación entre éstos.
Los escándalos de PENTA, SQM Y
CAVAL que han remecido la realidad política nacional, no son más que anécdotas,
que demuestran un hecho de proporciones abrumadoras, como es la relación
impropia entre Dinero, Poder y Política, que en el caso chileno, marca de forma
indeleble nuestra Transición a la
Democracia.
Esta Transición pactada, con una
democracia protegida, una justicia en la
medida de lo posible, una política de
los acuerdos, una desmovilización y atomización de los movimientos
sociales, una limitación de la participación ciudadana, un rol subordinado de
los gremios y sindicatos, con el fin de producir un clima de paz social, tiene como contrapartida una creciente
influencia y preponderancia del poder empresarial representado por poderosos grupos económicos,
que se conciben como un factor fundamental del modelo y actores relevantes de
nuestra democracia, llamados a generar
el necesario desarrollo y crecimiento que Chile requiere.
Los gobiernos de la Concertación
se convierten así en administradores eficientes de un modelo heredado de la
Dictadura, que si bien logra avances muy transcendentales en la disminución de
los índices de pobreza e indigencia, a través de la implementación de políticas
sociales, sin embargo fracasa en las metas de producir sustantivos cambios
políticos democratizadores y de disminuir la brecha escandalosa en la
distribución de la riqueza, convirtiendo al país en uno de los más desiguales
de la región.
En este contexto, con una inmensa
acumulación de riquezas en manos de los grandes grupos económicos que se
consideran inviolables, y con sistema asociativo constreñido, el capital termina por
convertirse inevitablemente en poder político, capaz de infiltrar sin disimulos
toda la actividad política, los partidos, la institucionalidad. En suma, el
poder del dinero dispuesto a supeditar la Democracia a sus propios intereses.
Tal como lo dice el ex Canciller
argentino Dante Caputo, “la concentración del dinero produce la concentración
del poder. No se trata del dinero en abstracto, sino de los intereses que
representa el dinero. Esos intereses pueden y a menudo logran pesar más que la
voluntad popular”….”El riesgo de que las democracias sirvan sólo a quienes
concentran el dinero, y no al interés general representa una amenaza sobre la
construcción permanente de legitimidad”
(Caputo, Orlando, “Política, Dinero y Poder, Un dilema para las
democracias de las Américas”, 2011, OEA, Fondo de Cultura Económica. FCE.)
A propósito de los casos de Penta
y SQM, en opinión del economista Hugo Fazio, Director de CENDA…”Las denuncias
permiten entrar a las estrechas relaciones existentes entre no pocos actores
del gran capital con instancias y personalidades políticas, buscando así
incrementar su influencia en la dirección del país. Este es el gran tema a
analizar. Más allá de cómo se generaron los recursos en los casos denunciados
-que pueden dar lugar o no a ilícitos- o si ellos son ilegales o legales”.
Las consecuencias de todo este
vínculo entre dinero, poder y política, ha ocasionado un daño inconmensurable a
la democracia, el estrago ocasionado sólo es posible de revertir con más y
mejor democracia. A estas alturas no basta simplemente con establecer
regulaciones a la relación entre política y dinero, descartar la influencia del
mundo de los negocios en la política, no es suficiente con propuestas de
políticas públicas de regulación del lobby, de conflictos de interés o de
nuevas fórmulas de financiamiento de la política. Lo que Chile requiere con
urgencia es abrir los espacios indispensables para que la política sea una
actividad colectiva ejercida por una ciudadanía participativa y protagónica.
La deslegitimación de la
política, de los partidos, de los dirigentes políticos, de las instituciones es
una realidad insoslayable. La Comisión Presidencial, si bien puede dar luces
por donde abrir caminos, la solución definitiva para volver a dar legitimidad e
integridad a nuestro sistema político, pasa por repensar nuestra democracia
sobre bases sólidas que impidan la existencia de poderes fácticos que pongan en
jaque a todo el sistema institucional. No es el tiempo de enmiendas
sectoriales. La superación de la crisis de credibilidad y legitimidad pasa por
actuar mediante actos de coraje máximos de parte de nuestra elite dirigente
para que en conjunto con la ciudadanía, arbitren las medidas necesarias para
erradicar la influencia indebida entre Dinero, Poder y Política, que claramente
es un factor de debilitamiento de nuestra Democracia. De allí que hoy las
miradas de la ciudadanía están puestas en una posibilidad que la misma
Presidenta abrió, al hablar en días pasados de Proceso Constituyente…y que
otras voces hablan sin temor de la necesidad imperiosa de una Asamblea
Constituyente.
Al respecto la “Auditoría a la
Democracia, más y mejor democracia para un Chile inclusivo”, del PNUD de 2014,
menciona que “…un adecuado control del financiamiento electoral persigue
prevenir el financiamiento de las campañas y partidos políticos con recursos
que provengan de actividades ilícitas, y evitar que las autoridades electas
sean capturadas por sus donantes….la regulación en la práctica genera amplios
espacios para la transgresión de los principios de transparencia por parte de
los donantes a las campañas políticas, a los partidos, y los candidatos,
evitando el escrutinio público y generando dudas en torno a la total
independencia de los sectores políticos a intereses particulares…”
Ronald Wilson

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