lunes, 27 de abril de 2015

MIGRACIONES AFRICANAS: UNA TRAGEDIA ANUNCIADA

Las migraciones internacionales son una realidad mundial ineludible.

“Una tragedia de proporciones épicas se está desarrollando en el Mediterráneo…instamos enérgicamente a los dirigentes europeos a que antepongan la vida, los derechos y la dignidad de las personas cuando lleguen a un acuerdo sobre la respuesta conjunta a la crisis humanitaria en el Mediterráneo….Como principio fundamental, la seguridad, la necesidad de protección y los derechos humanos de todos los migrantes y refugiados deben ocupar el primer lugar de la respuesta de la UE”, esta declaración conjunta firmada por Peter Sutherland, Representante Especial del Secretario General de la ONU para la Migración Internacional; William Lacy Swing, Director General de la OIM; Antonio Guterres, de ACNUR; Zeid Ra’ad Al Hussein, Alto Comisionado para los DDHH, dan cuenta de la gravedad de lo sucedido con los migrantes africanos.

En términos cuantitativos esta tragedia humanitaria nos revela que el año pasado fueron más de 3.200 muertos y se estima que al menos 1.600 personas han fallecido en lo que va de 2015 al intentar cruzar el Mar Mediterráneo, a través de rutas  a menudo controladas por las redes de tráfico ilegal. Pero con desesperanza nos percatamos que la UE ha reaccionado de forma tibia y ambigua.

La migración del África sub Sahariana hacia Europa  ocurre desde hace décadas  y tiene como primer destino las costas de Italia, España y Grecia, para desde allí ingresar a otros países del continente, convirtiéndose en un problema crónico, complejo y que sigue sin solución. Las prácticas  xenófobas y racistas,  tanto en el discurso político como  en los medios de comunicación, también permea a importantes sectores de la población europea.   

Al respecto son categóricas las palabras del Papa Francisco, quien expresó frente a la última tragedia de migrantes en el Mediterráneo,  “Nuestro corazón soporta mal la muerte de nuestros hermanos y hermanas, quienes se enfrentan a extenuantes viajes para huir de los dramas, de la pobreza, de las guerras, de los conflictos, a menudo vinculados a las políticas internacionales".

Sin duda que para las elites políticas, la migración es un tema incomodo, ningún gobierno quiere parecer demasiado blando frente a esta situación,  aunque pueda haber voces más progresistas con ideas abiertas a la migración, el costo político de comprometerse con este tema es muy alto, de allí el silencio o la ambigüedad.  El resultado es el surgimiento de partidos populistas y xenófobos, que alcanzan peligrosos índices de aprobación ciudadana.  

A pesar que desde 2005, la Unión Europea (UE) puso en marcha una Estrategia para África, basada en un enfoque de derechos humanos, seguridad,  crecimiento y reducción de la pobreza, este plan no deja de ser una gran “hipocresía”, ya que lo que Europa busca, es controlar el flujo migratorio masivo desde África.  Si bien es cierto que Europa necesita mano de obra barata, los peligros de una migración descontrolada, los hace desdeñar esa opción.

Por eso que es urgente…”crear canales suficientes para una migración segura y regular, que contemplen espacio para trabajadores migrantes de baja cualificación y personas necesitadas de reunificación familiar, al igual que el acceso a protección cuando sea necesario, como alternativas seguras para que no tengan que recurrir a los traficantes ilícitos de personas”, como lo manifiesta la citada declaración.

En Chile no podemos evadir este tema, ya que somos un país receptor de migrantes, que no hemos sabido asumir esa condición. Aún no tenemos una Ley de Migraciones y reiteradamente escuchamos voces acusatorias de que la ola migratoria que nos invade nos viene a quitar el trabajo, a producir disturbios y propagar malas costumbres. Son nuestras expresiones criollas de racismo,  intolerancia y xenofobia. Así como debemos condenar la tragedia de los migrantes africanos en Europa, debemos igualmente condenar nuestras propias conductas infundadas y asumir que las migraciones son un aporte a la cultura y al desarrollo.


Ronald Wilson

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